de la pareja al mundo empresarial
Hace poco leí algo que me hizo clic: el principio de Aikido. Este arte marcial japonés parte de una idea que me pareció preciosa y muy poderosa: no se trata de vencer al otro, sino de redirigir la energía del conflicto para crear algo nuevo. No me considero especialmente mística, pero este concepto me hizo reflexionar sobre cómo lo aplicamos —o no— en nuestra forma de relacionarnos, tanto en lo personal como en lo profesional.
Mi nombre es Bea Uche, soy coach especializada en relaciones de pareja en etapa de crianza. Acompaño a parejas a disfrutar esta etapa tan intensa en la que el amor se mezcla con el cansancio, la ternura con el conflicto, y el “nosotros” parece quedar en segundo plano.
En una pareja, como en una empresa o en una reunión de equipo, el conflicto es inevitable. Lo que marca la diferencia no es que haya o no haya tensión —eso es parte de la vida— sino cómo respondemos a esa tensión. Muchas veces cuando discutimos con alguien (pareja, hijo/a,
socio/a, clientes,..) tendemos a ir al choque: tú piensas una cosa, yo la contraria y nos quedamos en bucle cada uno defendiendo lo suyo, a veces atacando, otras encerrándonos.
Y es aquí donde cobra importancia cómo lo hacen en el Aikido: no todo lo que dice o hace el otro es un ataque. Y aunque lo parezca, no siempre hay que devolverlo, ni bloquearlo ni contraatacarlo. Hay que redirigirlo.
¿Qué implica esto en el día a día de una emprendedora?
Implica, por ejemplo, saber que cuando alguien critica tu proyecto, puedes usar esa energía para reformular, para afinar tu propuesta, o incluso para soltar lo que no encaja contigo.
Implica que cuando una clienta llega alterada, en vez de ponerte a la defensiva, puedes detenerte un segundo y preguntarte: ¿qué necesita de verdad? ¿Cómo puedo responder desde la calma sin perder mi fuerza?
Implica también que cuando trabajas en equipo, escuchar al otro —aunque no estés de acuerdo— es una forma de respeto que construye relaciones duraderas.
Una de mis máximas con mi pareja es: tú no eres mi enemigo, el conflicto no está entre tú y yo, el conflicto está delante y lo resolvemos juntos. Esto, llevado al mundo profesional, es oro. La cultura de la colaboración, el liderazgo basado en el respeto y la empatía, y la comunicación
afectiva son claves tanto para una relación de pareja como para una empresa sostenible y humana.
Y sí, a veces cuesta. Cuesta no saltar, no responder con un “pues ahora verás”. Pero ahí es donde entra el entrenamiento —como en el Aikido—. La respiración, la pausa, la conciencia de que lo importante no es “ganar” sino transformar.
En definitiva, lo que intento en mi vida —como madre, como profesional, como pareja y como emprendedora— es vivir cada relación desde ese principio de Aikido: reconocer la fuerza del otro, no negarla, y desde ahí buscar juntos una salida que nos potencie a ambos. No siempre lo consigo, pero cuando lo hago, las cosas cambian porque lo que cambia no es la discusión, cambia la manera en que elijo estar en ella.
Y esa manera de estar —desde el respeto, la consciencia y la escucha— se puede entrenar. En la pareja, en el trabajo, con los hijos, con los socios. Al final, todas las relaciones se sostienen en lo mismo: en cómo nos hablamos, cómo nos escuchamos y cómo nos tratamos cuando las cosas se ponen difíciles.
Si quieres saber más sobre mi y sobre cómo acompaño a las parejas puedes encontrarme en

